La intensidad de corriente que introduzcamos a través de los tejidos de una persona es la que desencadenará las indicaciones o contraindicaciones.

La intensidad en si misma no es más que una medida de la corriente. Será la observación de los síntomas que la persona manifieste tras la introducción de la corriente, lo que guiará la intensidad de corriente que aplicaremos y no al revés.

Como cada persona es un caso particular, observaremos los síntomas iniciales, aplicaremos una corriente más o menos intensa, según  queramos tener un efecto más o menos intenso, con más o menos calor. Y tras la aplicación y estudio de los posteriores síntomas decidiremos de nuevo que intensidad aplicar.